Fábricas, minas y caseríos: un viaje al corazón productivo del País Vasco
Descubre el patrimonio industrial vivo de Álava, Vizcaya y Gipuzkoa
Entre hornos monumentales, minas recuperadas y talleres abiertos al visitante, País Vasco invita a recorrer su geografía desde una perspectiva singular: la del turismo industrial. Repartido por sus tres provincias, el patrimonio productivo vasco ha sido reconvertido en una red de espacios museísticos, paisajísticos y culturales que permiten al visitante comprender el papel transformador del hierro, la siderurgia y el transporte en la historia del territorio. En Vizcaya, el viaje comienza a orillas de la Ría del Nervión, donde el Horno Alto nº 1 de Sestao se levanta como un icono de la era industrial vasca. Desde el mirador de la calle Txabarri, se contempla su silueta de 80 metros, testimonio de Altos Hornos de Vizcaya. En Balmaseda, la Fábrica Museo La Encartada permite conocer la historia textil, mientras que la Ferrería de El Pobal de Muskiz muestra el trabajo del hierro en una antigua instalación hidráulica del siglo XVI. Bilbao, por su parte, reúne en Itsasmuseum una rica colección sobre el pasado naval de la comarca.

En Álava, el turismo industrial conecta con el entorno natural. En la localidad de Araia (Asparrena), la Fundición Ajuria y Urigoitia se ubica en el Parque Natural Aizkorri-Aratz, en un enclave en el que se instaló el primer horno eléctrico de inducción de todo el Estado y el primer horno alto del País Vasco. Y en el Valle Salado de Añana, las eras salineras muestran cómo la producción de la sal ha moldeado el territorio y sus comunidades durante siglos. En Gipuzkoa, la minería adquiere protagonismo en Zerain, donde las minas de Aizpea ofrecen rutas por canteras, galerías y hornos de calcinación. En Pasaia (Albaola), la Factoría Marítima Vasca propone una inmersión en la construcción naval tradicional, con la réplica del ballenero San Juan tomando forma ante los ojos del visitante.

Cada territorio aporta una pieza distinta a este mapa del pasado productivo. La experiencia no es solo patrimonial: es inmersiva, tangible y cargada de memoria viva. País Vasco invita a descubrirse a través de su historia construida a golpe de esfuerzo, carbón y forja.