Estaciones de tren que son joyas arquitectónicas de España

De norte a sur, un viaje por las estaciones más bellas y emblemáticas del país

Recorrer España en tren es vivir una experiencia que combina historia, arte y movimiento. Las estaciones, más que simples puntos de partida o de llegada, son obras de arquitectura que reflejan el alma de cada una de las regiones. Desde la monumental Atocha madrileña hasta la histórica Canfranc en el Pirineo aragonés, cada parada invita a descubrir una parte distinta del país, donde el trayecto se convierte en parte esencial del viaje. En la Comunidad de Madrid, la Estación de Atocha abre el recorrido con su jardín tropical, una selva interior bajo hierro y cristal que marca el pulso moderno de la capital. La Estación de Aranjuez, inaugurada en 1851, mantiene la conexión con su Palacio Real y forma parte de la historia de los trenes más antiguos del país. Hacia el sur, en Castilla-La Mancha, la Estación de Toledo despliega el estilo neomudéjar con su torre del reloj y ornamentación artesanal. En Andalucía, la ruta ofrece contrastes: la Estación de Jerez de la Frontera, de personalidad monumental y luminosa, rememora la prosperidad del comercio del vino, mientras que la Estación de Almería, de inspiración afrancesada y estructura de hierro, remite a la estética del siglo XIX.

Interior de la Estación Abando Indalecio Prieto (Bilbao), célebre por su colorida vidriera
Interior de la Estación Abando Indalecio Prieto (Bilbao), célebre por su colorida vidriera © Shutterstock

El viaje se adentra en la Comunidad Valenciana, donde la Estación del Norte de Valencia es un referente modernista decorado con motivos agrícolas. En Cataluña, la Estación de Francia de Barcelona destaca por su vestíbulo novecentista y sus marquesinas de hierro y vidrio, un conjunto comparable al de las grandes terminales europeas. En Aragón, la Estación Internacional de Canfranc, ubicada en Huesca, impresiona por su escala y su historia: inaugurada en 1928 para conectar España y Francia, hoy revive como espacio hotelero en un entorno de alta montaña. Más al norte, el viajero llega a Bilbao, en el País Vasco, donde la Estación de La Concordia muestra su fachada modernista frente al Nervión y comparte protagonismo con la Estación de Abando, conocida por su vidriera compuesta por más de 300 piezas. La última parada de esta ruta se sitúa en Castilla y León, donde la Estación de Zamora, de estilo plateresco y amplia fachada, recuerda que en España el tren no solo une destinos, sino que también conecta épocas, estilos y formas de viajar. Recorrer estas estaciones es explorar el alma del país sobre raíles. Cada una conserva una historia, un acento y una mirada distinta hacia el viaje, invitando al visitante a descubrir el país con horizonte propio.