El Canal de Castilla, un corredor azul para explorar la naturaleza interior de España

Un recorrido por la gran vía hidráulica castellana, entre esclusas, senderos y pueblos históricos

Obra maestra de la ingeniería hidráulica del siglo XVIII y declarada Bien de Interés Cultural, el Canal de Castilla atraviesa paisajes silenciosos y pueblos ancestrales de Palencia, Burgos y Valladolid, ofreciendo una experiencia de viaje que combina naturaleza, historia y serenidad. Sus más de 200 kilómetros navegables permiten recorrer esclusas, dársenas y ramales centenarios a pie, en bicicleta, en barco o en piragua, invitando al viajero a descubrir una Castilla y León inesperadamente azul. El Canal de Castilla se despliega como una línea de agua que articula el territorio y revela el ingenio de un proyecto concebido durante el siglo XVIII para transformar la economía castellana. Desde de sus tres ramales –Norte, Campos y Sur–, el visitante encuentra una oportunidad de adentrarse en la vida tranquila de las provincias que atraviesa, siguiendo siempre el hilo conductor del propio canal.

Ciclistas recorriendo parte del trazado del Canal de Castilla en tierras vallisoletanas
Ciclistas recorriendo parte del trazado del Canal de Castilla en tierras vallisoletanas © Shutterstock

Quien decide practicar el senderismo descubre una de las formas más completas de experimentar este paisaje. Las etapas permiten avanzar entre chopos, álamos y pueblos vinculados a la navegación interior, mientras las esclusas marcan el pulso de la ruta. A un promedio de 25 o 30 kilómetros diarios, el recorrido completo se afronta en menos de ocho jornadas, con tiempo suficiente para apreciar tanto la fauna que habita sus riberas como los perfiles románicos, góticos o populares que emergen en las localidades del entorno. La primavera y el verano son estaciones especialmente propicias para emprender el camino, aunque el canal mantiene su atractivo durante todo el año. La bicicleta ofrece una lectura distinta del paisaje. Los caminos de sirga permiten pedalear con fluidez entre esclusas ovaladas o rectangulares, antiguas fábricas de harinas, dársenas históricas y embarcaderos turísticos. A un ritmo sostenido de 10 kilómetros por hora, es posible completar el trazado en cuatro días, disfrutando a la vez de la monumentalidad dispersa y de la diversidad natural que caracteriza a esta gran columna vertebral de agua. La perspectiva desde el propio cauce adquiere su máximo encanto en los trayectos en barco. Embarcaciones como las de Juan de Homar o Marqués de la Ensenada ofrecen navegaciones breves que permiten contemplar las esclusas desde dentro y revivir el antiguo transporte fluvial. Para los viajeros que buscan un contacto aún más directo con el agua, la opción de la piragua proporciona un viaje silencioso y ligero, ideal para la observación de aves o deslizarse junto a los muros de cantería que definen la traza del canal. Explorar el Canal de Castilla es, en esencia, descubrir un territorio donde la historia hidráulica convive con la vida cotidiana de sus pueblos, y donde cada esclusa, puente o curva del cauce invita a viajar sin prisa y con la mirada atenta. Un corredor navegable que convierte Castilla y León en un destino sorprendente para quienes buscan belleza, autenticidad y calma.