La otra cara de Baleares: refugios, fortalezas y paisajes bajo tierra
Cuevas, túneles y santuarios revelan un legado oculto en Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera
Las Islas Baleares guardan bajo tierra un patrimonio singular que enriquece la imagen idílica de las playas y paisajes mediterráneos. Cuevas naturales, túneles defensivos y criptas monásticas forman un universo subterráneo que atraviesa la historia del archipiélago, desde las fortalezas militares de Menorca hasta los santuarios púnicos de Ibiza con 2500 años de antigüedad. Descubrir estos espacios brinda al visitante una mirada distinta, íntima y sorprendente, capaz de enlazar geología, espiritualidad y memoria histórica en un mismo recorrido. Menorca: túneles estratégicos y una cueva milenaria La posición de Menorca convirtió la isla en un enclave disputado por potencias europeas. Esa condición defensiva dejó huella bajo la superficie del Castillo de San Felipe, donde se conserva una red de pasadizos militares que alcanzó más de siete kilómetros y hoy se recorre en visitas guiadas. La Fortaleza de Isabel II muestra refugios y galerías subterráneas que conectaban puntos estratégicos. Menorca también ofrece un paisaje más natural en la Cova de s’Aigua, donde un lago interior de aguas cristalinas recuerda su uso como santuario y lugar de enterramiento desde hace más de cinco mil años.

Mallorca: entre cuevas naturales y pasadizos monásticos La isla mayor concentra cuevas turísticas célebres, aunque espacios como las Cuevas de Campanet ofrecen una visita más tranquila. Descubiertas en 1945, estas cavidades presentan formaciones geológicas en un entorno silencioso y sin masificación. La huella monástica de Mallorca también se adentra bajo tierra: en lugares como el Monasterio de Lluc o el Santuario de Cura, los pasadizos y criptas han sido utilizados como almacenes, refugios o espacios de culto. Ibiza: santuarios púnicos y cuevas con leyenda El paisaje subterráneo ibicenco se relaciona, especialmente, con lo religioso. La Cueva de Es Culleram, en el norte de la isla, fue un santuario dedicado a Tanit, la diosa púnica más venerada, y en su interior se hallaron centenares de figuras votivas. El lugar se puede visitar con acceso limitado y es uno de los yacimientos más relevantes de Ibiza. Otras cuevas, como las de Es Vedrà o Sant Vicent, han estado ligadas a leyendas locales y necesidades de pastores y ganaderos. Formentera: pequeñas cuevas y refugios costeros La menor de las Pitiusas (Ibiza y Formentera en las Islas Baleares) cuenta con diversas cuevas costeras que han servido de refugio a pescadores o de espacio de contemplación. La Cova Foradada, en la Punta Rasa, es un ejemplo de ese patrimonio discreto, igual que la Cova d’en Xeroni en Es Cap de Barbaria o las pequeñas cavidades junto al Camí de Sa Pujada. Son enclaves que muestran cómo los habitantes de Formentera aprovecharon la geografía de la zona para resguardarse y convivir con el mar.
